EL PJARO AZUL DE RUBEN DARIO PDF

You are on page 1of 3 Search inside document Azul Se public por primera vez en Valparaso el 30 de julio de Dos aos despus, en Guatemala, apareci una segunda edicin, corregida y aumentada. Creacin Los poemas y cuentos que componen el libro fueron en su mayor parte escritos por Rubn Daro durante su estancia en Chile, pas en el que permaneci entre y Todos los textos haban aparecido previamente en la prensa chilena, entre el 7 de diciembre de , fecha en la que apareci "El pjaro azul", y el 23 de junio de "Palomas blancas".

Author:Zulutaur Tygorisar
Country:Samoa
Language:English (Spanish)
Genre:History
Published (Last):22 November 2007
Pages:160
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ISBN:433-3-49189-907-2
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El arte del cronista viajero Los viajes son bienhechores y precisos para los poetas. Navegar es necesario; vivir no es necesario. Navega, pues, para venir a esta Europa que todos ansiamos conocer. La moderna literatura nuestra est llena de viajeros. Casi no hay poeta o escritor nuestro que no haya escrito, en prosa o en verso, sus impresiones de peregrino o de turista.

Se pasa, como Robert de Montesquiou, del ensueo al recuerdo. Como todo est dicho, en lo que se refiere a lo contenido en ciudades y museos, no queda sino la sensacin personal, que siempre es nueva, con tal de apartar la obsesin de autores preferidos y la imposicin de pginas magistrales que triunfan en la memoria. Es esto difcil, antes de que la tranquilidad de la vida reflexiva llegue. Rubn Daro, Prlogo a Hombres y piedras. Al margen del Baedeker, de Tulio M.

Cestero, De Nicaragua a Chile, de una Buenos Aires Cosmpolis a la Pars capital del siglo XIX entre idas y venidas, partidas y regresos, el nomadismo dariano perla el ansia de moder- nidad de un proyecto esttico sin precedentes en la lengua espaola.

Si, como ha sealado Octavio Paz, lo nico que el modernismo arma es un lenguaje en perpetuo movimiento, 9 resulta pertinente la pregunta por los modos de inscripcin de una escritura de la errancia en la textualidad de la crnica dariana. Qu rasgos denen la singularidad de esta prosa instauradora de una de las vas hegemnicas para el relato moderno de viaje en el n de siglo latinoamericano?

Des- de qu tramas y con qu tropos se construye el locus mvil de enunciacin que funciona como condicin de posibilidad de esta potica? Cmo aproximarse a las conexiones de una escritura con las violentas transformaciones de una moderni- dad desigual, perifrica, desencontrada? En suma, cmo leer el signo ideolgico del desplazamiento dariano sin aplanar sus mltiples valencias? Estos complejos interrogantes toda- va interpelan a la crtica contempornea y podran estimular nuevas lecturas de esa vasta y excepcional obra en prosa que esta antologa condensa y reordena en un conjunto de conste- laciones provisorias.

Si la ciudad es el espacio moderno por excelencia, el lugar por el que circulan los temas privi- legiados de la Modernidad las transformaciones tcnicas que acortan las distancias desde el telgrafo hasta los ferro- carriles , la reproductibilidad tcnica de la imagen, la nue- va circulacin de la informacin en peridicos y revistas, la constitucin de la opinin pblica, entre tantos otros, la crnica traduce y reinventa esa geografa bajo sus propios parmetros. Rerindose a los escritores del modernismo latinoamericano, pero sobre todo al proyecto de Daro des- de su llegada a Buenos Aires en , ngel Rama anota: 1 En la bibliografa de este trabajo se repone la notable variedad de posiciones dentro de la crtica dariana, sin nimo de agotar en ello un estado de la cuestin.

Las lneas que siguen procuran entradas a gran escala para atravesar el corpus de la antologa, mientras que el aparato de notas al pie de las crnicas presenta ejes concretos de anlisis y bibliografa especfica. Todas las citas y referencias reenvan, en adelante, a ese listado. La vulgaridad de las ciudades latinoamericanas que cum- plan a n de siglo el boom town no fue menor que la de las ciudades europeas y norteamericanas y, si cabe, fue aun mayor lo informe de un crecimiento que careca de la pla- nicacin de un Haussman y que slo responda a las ur- gencias del momento dictadas desde el exterior Contra ese teln de fondo tambin se edica el arte riguroso de los escritores de la modernizacin.

Rama, b: 54 En el cierre del que podra considerarse uno de los umbrales de la literatura latinoamericana moderna Yo persigo una forma Ahora bien, enfrentado al amasijo desordenado de la vida popular ame- ricana Rama, b: 55 , el anhelo desesperado del soneto Y no hallo sino la palabra que huye, dice el primero de sus tercetos se articula desde el rigor de la forma, la exactitud del diseo, la precisin de la escritura.

Las crnicas darianas, en su avasallante diversidad, admiten una lectura en esta misma cla- ve, es decir, como respuesta rigurosa al drama de una expe- riencia en fuga, al crecimiento informe de las nuevas ciudades, a sus ritmos vertiginosos y fragmentarios. En el camino hacia una hiptesis que permita describir las aristas de esa forma, nuestra perspectiva ampla los alcances de la clebre intuicin de Pedro Salinas y postula que la prosa dariana asimila o narra- tiviza esa experiencia a partir de la conguracin recurrente casi obsesiva de paisajes de cultura.

All escribe: Crea entonces Rubn unos ambientes concretados en unos paisajes que no son naturales, sino culturales, porque hasta sus mismos componentes de Naturaleza estn pasados, casi siempre, a travs de una experiencia artstica ajena.

Rubn Daro. Crnicas viajeras 11 sobre un mapa atiborrado de nuevos referentes culturales. En otros trminos, si todo relato de viaje efecta un recorte que conlleva una predicacin valorativa del espacio, los des- plazamientos del enunciador en los textos de Daro sea en la variante de la nerie, de la ensoacin o divagacin, del grand tour o el voyage en orient seleccionan sus hitos de la coleccin que ofrece el museo o su anlogo des-auratiza- do, el bazar.

Las conclusiones de Raymond Williams sobre la emergencia de una mirada paisajstica en el proceso de constitucin de la sensibilidad burguesa sirven como herra- mienta para indagar esa dominante que recorre las piezas de esta antologa. En El campo y la ciudad Williams plantea que la percepcin paisajstica de la naturaleza per- tenece al universo de convenciones de la esttica: el paisaje bello es la construccin de una experiencia distanciada que tiene como condicin el ocio no hay paisaje en un es- pacio evaluado desde la perspectiva de su utilidad y supo- ne una descripcin o imagen organizada para el consumo.

La literatura latinoamericana, desde el discurso heternomo de la prensa, intenta recortar el territorio difuso de su identidad y emprende la tarea a tra- vs de una operacin que busca consolidar una ideologa de la productividad simblica ligada a la categora de articio: de entrada, el imperativo de la mmesis est desplazado del eje del ut pictura crnica dariano. Los cuadros del escritor viajero, sus paisajes, no tienen otro referente que la literatu- ra; y si la obsesin de autores preferidos o la imposicin de pginas magistrales que el poeta censuraba en nuestro acpite nalmente triunfa en el relato, la apropiacin no pierde por esto su ecacia esttica.

En particular, la variante daria- na del gnero se empeara en presentar una vitrina del mun- do moderno que termina encubriendo los signos amenazantes de la nueva experiencia urbana con un espectculo pintores- co, listo-para-el-consumo.

Es cierto que en los noventa, para el momento en que Daro se vuelve corresponsal modelo, el cronista ser, sobre todo, un gua en el cada vez ms renado y complejo mercado del lujo y bienes culturales, contribuyendo a cristalizar una retrica del consumo y la publicidad Ramos, Pero, en paralelo al fetiche, al decorado consola- torio, a la misticacin de los peligros de la ciudad, el paisaje de citas que ensamblan los frisos urbanos de estas crnicas in- serta en la tradicin de los viajeros niseculares el relmpago de una nueva operatoria potica.

Y si esa operatoria devela algo ms de lo que encubre, su funcionamiento y sus efectos pueden conectarse, salvando las distancias, con el potencial re- vulsivo que Walter Benjamin le asignaba al procedimiento del montaje en el camino hacia una revelacin profana.

Ese vas- to mecanismo de alusin al Libro de la Cultura que pone en juego el paisaje dariano escenica la concepcin tan moder- nista del trabajo de escritura como un ejercicio de lectura. Daro, tout sonore encore de Hugo, de los otros romnticos, del Parnaso y de los jvenes poetas del simbolismo, tuvo que colmar ese hiato.

Otros, en Amrica y en Espaa, prolongaron su vasta iniciativa Los lagos, los crepsculos y la mitologa he- lnica fueron apenas una efmera etapa del modernismo, que los propios propulsores abandonaran por otros temas.

Todo lo renov Daro: la materia, el vocabulario, la mtrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores.

Su labor no ha cesado y no cesar; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador.

Crnicas viajeras 13 Si el itinerario textual se asemeja a un libro o mejor, a la coleccin de citas en un cuaderno de recortes no es tanto por el carcter profuso de las referencias culturales sino porque el viajero se erige en la gura de un lector privi- legiado. Tras la voracidad cultural de una errancia que des- acomoda los anaqueles de la biblioteca latinoamericana con lecturas raras, subyace el gesto del traductor canbal, la mira- da del subalterno que desde los mrgenes altera y descentra las jerarquas de los objetos culturales de la metrpoli.

Para decirlo con Benjamin aunque la idea le tributa tambin al sutil desarrollo de Rama en torno a las mscaras democr- ticas del modernismo, la operacin dariana desmitica el estatus de autoridad de los monumentos, fractura su aura. Esa perspectiva paisajstica aplicada a la Cultura entreteje en el viaje importador un atisbo de distancia que convierte la lengua propia en extranjera, para volver a fundarla tanto en el poema como en el laboratorio de la crnica.

Derroteros de una potica Despus de Azul Rubn Daro, Palabras liminares a Prosas profanas, Si bien Daro evit abundar en textos abiertamente doctri- narios y asumi con reticencia la conviccin de sus contempo- rneos de que era cabeza de un movimiento literario, sus cr- nicas exhiben, a la par de una reexin incansable sobre el arte y la literatura del n de siglo, un grado de autoconciencia notable sobre el devenir de la propia esttica. Por el reverso de la acracia literaria quien siga servilmente mis huellas perder su tesoro personal, insisten las Palabras liminares 14 Rodrigo Javier Caresani anticipando el riesgoso automatismo que anuncia toda consa- gracin, los programas darianos le dan entidad a una sub- jetividad en proceso, a un yo que en sus constantes mas- caradas le hace seas a la literatura como zona incierta en el singular proyecto de la modernidad latinoamericana.

En otras palabras, ese sujeto-en-desplazamiento que conguran las crnicas habilita una lectura de la errancia como ndice de una modicacin de largo aliento en las condiciones del siste- ma cultural: la oscilacin de una instancia que nunca deja de dramatizar la precariedad de su hacer-se no slo es testimo- nio del carcter moderno de esa subjetividad, sino tambin, de las contradicciones en el proceso de institucionalizacin de una nueva prctica.

Atento a la dimensin institucional de esa prctica emer- gente en un planteo que lecturas como las de Julio Ramos y Graciela Montaldo han llevado hasta las ltimas consecuen- cias, Rama reconoce que uno de los elementos decisivos de la renovacin modernista es la instauracin de un siste- ma literario latinoamericano.

Por encima de un mero cam- bio de temas y formas, la categora de sistema registra una transformacin que involucra la existencia de un conjunto de productores literarios, ms o menos conscientes de su pa- pel; un conjunto de receptores, formando los distintos tipos de pblicos; un mecanismo transmisor que liga unos a otros Rama, a: 9.

Al margen, sorprende la convergencia de estas aproximaciones de la crtica latinoamericana con una deriva de la Escuela de Frankfurt sobre todo en la estela de La obra de arte en la era de su reproductibilidad tcnica, de Benjamin. En concreto, la referencia apunta a los trabajos de Peter Brger, de Teora de la vanguardia a The Decline of Modernism , estudios que tambin proponen una triple entrada al contradictorio proceso de autonomizacin de la literatura, pero recortando los alcances a ciertas zonas de la cultura europea.

Brger concibe una tipologa histrica reformulacin de la trada autor-obra-lector que contempla las aristas de una teora de la produc- cin, una teora de la recepcin y una teora de la funcin social del arte. Se trata de una distincin en el terreno de la teora que, si bien se articula a ciertos materiales estticos en un desarrollo histrico Rubn Daro. Crnicas viajeras 15 ese sesgo programtico que aora en buena parte de las cr- nicas, pues la preocupacin dariana por los compaeros de campaa es tan insistente como la referida a la constitucin de un pblico o a la de los mecanismos desde los que impul- sar una renovacin tcnica de la literatura.

Pocos textos en el n de siglo entre los que habra que contar el Prlogo al Poema del Nigara de Jos Mart realizan un diagnstico tan preciso del campo cul- tural como las Palabras liminares, diagnstico enunciado en un contundente a-b-c que recoge los tres ngulos del sis- tema bajo el signo de la negacin.

Parafraseando a Daro: a no hay un pblico capaz de asimilar las innovaciones que trae el modernismo, pues triunfa la absoluta falta de eleva- cin mental de la mayora pensante de nuestro continente; b no hay un conjunto orgnico de productores, porque los me- jores talentos se encuentran en el limbo de un completo desconocimiento del mismo Arte a que se consagran; c no hay un cdigo previo que garantice la pertenencia de una escri- tura al espacio virtual de lo literario y pretender imponerlo implicara una contradiccin, si la literatura moderna se resiste a toda denicin que prescriba o je un lmite a su especicidad.

As, el vnculo entre la ausencia de condiciones y el articio de un sujeto lanzado al vaco pues el drama de la fugacidad, como expone con lucidez Julio Ortega, es la escena misma de articulacin de su voz funda una dinmica que se traduce a los rasgos enunciativos puntual, resulta til para evaluar la pertinencia de los planteos de Rama as como de sus continuado- res en torno a la especificidad del derrotero latinoamericano de la institucionalizacin del arte.

All se describe la juridicidad juridicit subversiva que acta como sustento de una concepcin moder- na de la literatura: la literatura suspende su ser, difiere al infinito su propia ley. El locus desde el cual se deenden las consignas para un arte nuevo se mueve en zigzag entre el repliegue en un nosotros endeble y volcado hacia el futuro, y la exhibicin de una individualidad radi- calizada que, en el presente, ostenta las insignias de su no- vedad. Nuestros propsitos , una pieza menor que la antologa recoloca entre otros programas ms conocidos, se revela como un eslabn decisivo para el estudio de ese plural, especie de infancia de una comunidad imaginaria.

El texto-presentacin de la Revista de Amrica se dirige a una incipiente brotherhood modernista a la que exhorta con una serie de imperativos impregnados de ese lxico de campa- a tan caracterstico en los primeros escritos de la escala en Buenos Aires. Como apunta Beatriz Colombi, se trata de una beligerancia un tanto formal y gestual, ya que si bien Da- ro toma parte de la misma, paralelamente, no es un rebelde dispuesto a deponer a todos los acadmicos encontrados a su paso, aunque haga alarde de eso mismo a: En este caso puntual, la clave de lectura de esa gestualidad pasa por la tensin entre el voluntarismo del nosotros desde el cual se dicen las consignas y la repeticin anafrica del 7 En su lectiografa de Daro Rubn Daro y la mirada mutua, un intento biogrfico que explora las ficciones de una identidad conformada en el dilogo de las lecturas Ortega ilumina la naturaleza radicalmente inacabada de esta entidad: pocos poetas Como esos objetos ms preciosos por ms frgiles, muchos poemas suyos llevan la marca de su origen como una pregunta irresuelta.

Hasta los lujosos cisnes, de estirpe clsica y suficiencia simbolista, se convierten en signos de interrogacin, como si la belleza, en rodillas del poeta, no fuese ya un desafo existencial, sino una pregunta por s misma Crnicas viajeras 17 innitivo en el enunciado de las mismas Ser el rgano de la generacin nueva, Combatir contra los fetichistas, Levantar la bandera, Mantener el respeto, Trabajar por el brillo, etctera. Porque si, al asumir el plural, el yo parece conar en su potestad para emitir mandatos y en las competencias de una comunidad para decodicarlos, en contrapartida, al remarcar la opcin por la forma no perso- nal de los verbos, seala la inexistencia de un sujeto capaz de llevar adelante esas acciones.

De este modo, si el nosotros de Nuestros propsitos interpela al presente de la escritu- ra, lo hace sobre todo en tanto plural por conjugar, abierto al porvenir. El contrapeso de ese funcionamiento aparece en Los co- lores del estandarte anticipacin en este y otros aspectos de las Palabras liminares, texto en el que el enunciador se singulariza para poner en escena el espect- culo de su soledad.

Polemista renado, hbil en la opcin por el desvo en lugar del combate frontal, Daro vuelve a en- frentar la acusacin de galicismo mental pero ahora en una sosticada tctica de refutacin asume los trminos de la argumentacin adversa sin alterarlos, para extraer de ellos la conclusin opuesta. La irritacin de Paul Groussac, perspicaz lector de Los raros, no se debe slo a la mala copia de la modernidad literaria europea o a la eleccin poco feliz del modelo simbolistas y decadentes franceses antes que el prerrafaelismo ingls, pues en su perspectiva la condicin marginal de Amrica Latina no admite otro destino que una modernidad de segundo grado, mimtica.

El eje subterrneo de la contienda es la audacia dariana de pretender una mo- dernidad latinoamericana original por la va de esa imita- cin. Desde Azul La traduccin practicada de manera irreverente en esa familiaridad desacralizante de 18 Rodrigo Javier Caresani quien recorre la Cultura como un paisaje no refuerza la subalternidad, como quiere Groussac, sino que intenta ar- mar una identidad autnoma, emancipada. Fuera de las exi- gencias del cuerpo a cuerpo de la polmica, la insistencia en la primera persona del singular viene a subrayar la falta de parmetros locales para asimilar y profundizar esa operatoria de innovacin por traduccin; y si un nosotros se insina ha- cia el nal de la crnica, su sustancia fantasmal queda librada a los enigmas de una profeca.

Una torsin nal en el derrotero de la potica dariana y en la gura del cronista que la acompaa emerge del re- posicionamiento de la escritura al otro lado del Atlntico, con esa crisis en la intelectualidad hispanoamericana que la guerra entre Espaa y Estados Unidos en termina de precipitar, y que el ahora corresponsal estrella de La Nacin cubre desde el terreno.

Daro nunca concibi la tarea de re- novacin de la lengua potica como un modo de cortar lazos con la tradicin literaria espaola, aunque fue consciente de que sus bsquedas producan una indita inversin de roles: si Espaa es un espacio cultural provinciano y el presente de su literatura aparece como atraso, el modernismo ame- ricano desde la periferia cosmopolita se apropia del pre- sente de la lengua y reclama prerrogativas en su futuro.

Esta premisa se sostiene en las crnicas espaolas para com- probarlo basta releer El modernismo en Espaa , a pesar de esa notable rotacin de la mirada dariana que Co- lombi describe como una escucha teraputica encaminada a desmontar el mecanismo de la confrontacin que haba caracterizado la retrica del viaje a Espaa b: Si hay una novedad en la trama nal de la esttica que nos ocupa, esta asume la frmula de una ampliacin de las funciones del escritor.

En relacin de simbiosis con la pose del poeta maduro un artista que ya ha conquistado cier- ta estabilidad en el tembladeral de la institucionalizacin li- teraria, los textos europeos aanzan una representacin Rubn Daro. Crnicas viajeras 19 del intelectual dispuesto a intervenir en la esfera de los dis- cursos polticos. A la avanzada imperialista entendida como una amenaza sobre la lengua Seremos entregados a los brbaros eros?

De este modo, las constelaciones urdidas por la antologa abiertas al trabajo de desarme y re-enfoque de vidos lec- tores invitan a reexionar sobre los vaivenes de un com- plejo proceso, que constituye el fsil de nuestro presente. Criterios de esta edicin El volumen de bibliografa sobre la obra de Rubn Da- ro quiz sea el ms considerable dedicado a la gura de un escritor en la historia de la literatura latinoamericana. Y ms adelante concluye: La protesta de los cisnes es el gran vuelco: la poesa protesta, la poesa por fin sale a la calle, puede ir a la feria, recorrer el barrio, las grandes ciudades.

Pero y esta es la leccin de Rubn Daro no debe dejar de ser poesa, no debe perder el terreno ganado con la autonoma del arte En estas condiciones es que cobra sentido nuestro retor- no a Daro: la antologa que presentamos busca reponer las huellas que estos textos portan de su circulacin en la pren- sa peridica, huellas que tienden a desdibujarse en aquellos que han alcanzado la reproduccin en libro. Por eso recurri- mos, al establecer la gran mayora de estas crnicas viajeras, a las publicaciones originales, que cotejamos en los casos en que Daro dispuso una segunda publicacin con su pri- mera edicin en volumen.

Para el grupo reducido de textos que no se han tomado de una primera fuente, las versiones resultan siempre del cotejo de dos o ms de las ediciones crticas listadas en la bibliografa. Se presentan entonces, junto a algunas crnicas inditas, versiones ajustadas a la circulacin en la prensa de textos co- nocidos gracias a la posterior inclusin en Azul Reponemos en todos los textos el ttulo origi- nal y corregimos numerosas erratas en los nombres propios, los toponmicos y en la trama proliferante de referencias culturales que habitualmente convoca la escritura dariana.

Se ha modernizado la ortografa y la acentuacin, y unica- do la puntuacin en todos los casos en que las oscilaciones en el uso de comillas o angulares, por ejemplo llevaban a algn tipo de confusin.

BABUR NAMA IN URDU PDF

Cuento: El Pájaro Azul de Rubén Darío

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DOALL CONTOUR SAWS PDF

Rubén Darío. Crónicas viajeras, derroteros de una poética -Caresani.pdf

Zurisar The Before and After. Interesante la vida de Elisabeth. Vive con sinceridad y plenamente. She, in her later years, studied dying patients and her work explores her work and what she learned. El libro te lleva de la mano por la vida de la Dra.

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